Suscríbete a nuestro boletín
Momentos en Instagram Historias en Facebook Fotos en Flirkr Noticias en Twitter Documentos en Scribd
Sala de Prensa

Discurso de Minou en el VI Foro de la Democracia Latinoamericana: Corrupción, ¿problema de cultura y/o de legalidad en democracia?

Discurso de Minou en el VI Foro de la Democracia Latinoamericana: Corrupción, ¿problema de cultura y/o de legalidad en democracia?
Jueves, 22 Octubre 2015 15:20

Compartir este artículo:

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to Twitter
Buenas tardes amigas y amigos.
 
Estuve aquí hace un año aprendiendo de ustedes.  En lo personal y en la vida política de mi país ha sido éste un año muy intenso, de modo que llego hasta aquí más preocupada, más ocupada y, lo confieso, avergonzada.
 
Vengo de República Dominicana, donde hace unas semanas un contratista del Estado se suicidó en una oficina pública agobiado por la extorsión y el chantaje del que era víctima de funcionarios públicos.
 
Vengo de un parlamento que fue virtualmente ultrajado por el soborno gubernamental para lograr un reforma constitucional que permitiera la reelección del actual presidente en una muestra al mundo y a todas las conciencias democráticas de la brutalidad con que actúan los depredadores en las democracias débiles, sin instituciones, sin división de poderes y con gobernantes sin escrúpulos. Si creen que exagero bastaría con decir que ostentamos el extraño record de que para las próximas elecciones son candidatos a reelegirse todos los actuales senadores y casi todos los diputados del partido de gobierno y sus aliados. Esas re postulaciones han sido parte del pago que, por lo demás, se ha firmado y declarado en forma pública. No hay sanción porque la investigación solicitada por más de una decena de diputados y diputadas por el delito de soborno ha sido olímpicamente ignorada por la Procuraduría General de la República.
 
Y falta más de esta operación escandalosa y ruin: más del 90% de los aportes públicos a la política beneficiará a la candidatura del actual presidente. Si eso no es corrupción, póngale ustedes el nombre. Sólo esa situación requiere de una observación electoral que se inicie desde ahora pues no servirá de nada hacerlo tres días antes de las elecciones de mayo de 2016.
 
Así las cosas, si cada vez que nos reunimos observamos que la corrupción aumenta en nuestros países, es imperativo comenzar a “cantarnos las verdades”: parece que hemos equivocado el camino.
 
Corrupción viene de la palabra corromper, que no es otra cosa que alterar, trastocar, echar a perder, seducir la forma y el fondo de algo, de alguien. Por lo mismo, sólo tiene lugar si la voracidad de quien toma lo ajeno cuenta con la complicidad de otros que en lugar de denunciar el hecho, callan, otorgan.”
 
Corrupto es, según Norberto Bobbio,“ el comportamiento ilegal de aquel que ocupa un papel dentro de la estructura estatal para favorecer intereses particulares a cambio de una recompensa.”
 
O sea, que el fenómeno sólo se da en la estructura pública pues los bienes administrados pertenecen a toda la sociedad.  Y la sociedad es un colectivo relativamente extenso e indeterminado de personas que la mayoría de las veces no disponen de mecanismos de control.
 
Viendo el tema desde la cultura, recuerdo a Eduardo Galeano cuando decía que "El código moral del fin del milenio no condena la injusticia sino el fracaso". Y eso es especialmente cierto en nuestro país, donde los intereses nacionales están definitivamente en un plano inferior a la suerte del partido y sus integrantes. No sancionamos al injusto, no se lucha por la justicia, importa el éxito medido por carreteras, por túneles y elevados. El éxito electoral importa tanto que el fraude es un componente que lo asegura, el uso de recursos públicos lo paga y la democracia lo sufre.
 
Nuestra historia política ha sido la repetición cíclica de la construcción de impunidades y nuestra práctica política no se concibe sin la adhesión al caudillo, sin la cercanía a los peores hábitos, sin cargar y arrastrar el pesado fardo de los crímenes, las cárceles, las torturas. Hasta un día.
 
Es verdad que ética y política no son lo mismo. Pero caminan juntas. Si las confundimos construimos figuras que terminan siendo absolutamente incapaces de enfrentar los desafíos de una política democrática.
 
Con una legislación precaria y con grandes dificultades para su aplicación a ¿quién le correspondería ejercer el “control ético” de los funcionarios? Pues nada más y nada menos que a los partidos políticos, ellos deben ser el primer filtro para impedir que el ‘tigueraje” llegue a tener funciones que les permitan la malversación de recursos que son de todos y de todas. Los partidos cuando llegan al gobierno deben ser los que impidan que quienes han estado implicados en el mal uso de recursos públicos, de aquellos cuyos nombres aparecen en auditorías de la Cámara de Cuentas, no vuelvan a ocupar cargos en el Estado. Para eso no hacen falta decisiones judiciales, hace falta que se determinen responsabilidades políticas.
 
Asistimos a un espectáculo francamente decepcionante: los viejos partidos salen en defensa de sus militantes acusados, comprometiendo la razón de ser de toda organización política decente: una acción política para el bien común.
 
Los partidos políticos deben sancionar inmediatamente a quienes estén bajo sospecha. Durante la pasada campaña electoral se anunció que bastaría “el rumor público” para actuar, pero el gobierno ha carecido de la más mínima voluntad para enfrentar la corrupción anterior y menos todavía para siquiera hablar de la actual. Lo que han hecho con éxito es usar esta verdadera plaga para la democracia y el bienestar de quienes habitan nuestra media isla, como arma política para combatir a sus adversarios a lo interno del  propio partido de gobierno y sus aliados.
 
La corrupción no se combate luchando contra la corrupción.  Sabemos que la protesta o la denuncia son necesarias y son un derecho reconocido constitucionalmente, pero son insuficientes y terminan generando desánimo si no van acompañadas de lucha política, ésa que debe llevar a los mejores y a las mejores a los puestos de representación popular. Sólo así podremos aspirar a tener instituciones públicas capaces de auto controlarse y de aspirar a una justicia independiente.
 
Hemos aprendido que no es la falta de transparencia la que permite la corrupción.Explico:
 
Con motivo de mis responsabilidades como legisladora formé parte de una comisión que investigaba la licitación para la construcción de unas plantas a carbón en el sur del país, en Punta Catalina.  La sobrevaloración millonaria está a la vista de todas y todos y no se observa ninguna posiblidad inmediata de que esto sea corregido y de que sus responsables sean sancionados penalmente. No es la opacidad, que es lo contrario de la transparencia, lo que ha permitido éste y otrosgraves hechos de corrupción: hemos llegado a extremos en que la corrupción es absolutamente transparente y, consecuentemante, la impunidad, la protección del Estado a los delincuentes, tiene todavía pretensiones de parecer triunfante.
 
Byung Chung Yul, al señalar la preponderancia de la transparencia en el discurso público actual plantea que “La transparencia que se exige hoy en día de los políticos es cualquier cosa menos una demanda política.” Esta exigencia de transparencia sólo sirve para destapar, para escandalizar, para descubrir a los políticos y lo peor es que supone -y eso debemos combatirlo con energía- espectadores escandalizados.
 
No sirve de nada una participación política hecha mediante quejas y lamentos. A lo que debemos aspirares a ciudadanos comprometidos políticamente y a construir relaciones de confianza, y la confianza para que exista no exige saberlo todo de los demás. Si lo sabemos todo, la confianza sobra.
 
No tenemos otra alternativa que organizarnos políticamente para sacar del Estado a los corruptos.  Y la única manera que podemos hacerlo es ganándoles las elecciones en el marco de la lucha democrática.
 
El combate a la corrupción, que es un delito político, se debe hacer en ese ámbito. Tenemos que comenzar a generar nuevas visiones respecto de la política. Ya pasó el tiempo en que las dictaduras latinoamericanas dejaron instalada la idea de que los políticos y la política eran una actividad de malas personas, traidores a las patrias y de que la política es una actividad hasta sancionable. Nuestros esfuerzos, si queremos mejorar la política y terminar con la corrupción, deben ser solidarizarnos en la búsqueda de nuevas prácticas, pues basta ver cómo andan nuestros países para comprobar que lo que hemos venido haciendo no sólo no impide la malversación y el desfalco, sino que también va creando una cultura peligrosa, la de “es que las cosas son así”.
 
Amigas y amigos, ojalá fuéramos capaces de comenzar, como parte del combate a la corrupción, a aislar a los ladrones y a situar la política en el lugar de avanzada de todos estos esfuerzos. Los organismos internacionales conocen los “rankings”, leen los indicadores: un país gobernado por políticos honestos no puede tener el mismo trato que otro que está siendo depredado por sus gobernantes. Lo mismo vale para quienes tratan de crear alternativas mejores para nuestros pueblos.
 
No tenemos otro camino, no nos han dejado otro camino.  Por eso hoy y aquí,  los invito a que lo recorramos juntos muy conscientes de las dificultades que tendremos que salvar, pero también seguros y seguras de que las buenas causas, de que las buenas ideas, las buenas personas, terminarán vencedoras en todos nuestros esfuerzos por una Latinoamérica mucho más democrática.
 
Muchas gracias
 
 
Minou Tavárez Mirabal. 
 

OPCIÓN DEMOCRÁTICA • Calle Fernando Valerio #5 esq. Nuñez y Dominguez, Ensanche La Julia, Distrito Nacional, República Dominicana. • 809.563.9444 • Todos los derechos Reservados