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Plaza Democrática

Masculinidades, hasta en política

Masculinidades, hasta en política
Lunes, 31 Agosto 2015 15:10

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Ser hombre, y cómo ser hombre no es tema nuevo, como tampoco es la realidad de que hay muchas formas de ser hombre, por tanto las masculinidades no son nuevas, existen desde el principio de la humanidad misma. La dominación hegemónica de UNA forma de ver, entender y definir el “ser hombre” ha tenido que enfrentar nuevos frentes que hablan de diversidad, matices y alternativas desde la sociedad, la academia, la moda, los medios de comunicación y las instituciones sociales, causando quizás esa impresión de que ser hombre fuera del estereotipo de “macho-varón- masculino” es algo nuevo. Y qué bueno que la gente se da cuenta de la existencia de esta diversidad, de que al trabajar el tema con grupos de adolescentes, jóvenes, adultos y adultos mayores se logra entender con facilidad que no existe 1 sola forma de ser hombre, que en realidad el marco que define qué es ser hombre y cómo se es hombre es muy amplio y hasta flexible. Claro, la situación aquí es llevar esa reflexión a todos los oídos masculinos y por supuesto a los oídos femeninos también, para que haya una aceptación y entendimiento general en la sociedad de la pluralidad identitaria de ser hombre.

Esa identidad hegemónica que emana directamente del machismo se refleja en toda la sociedad, por ejemplo en los roles y la asignación de tareas o deberes, límites y privilegios que han de recibir los hombres, por ser hombres; tanto cuando somos hijos, hermanos, alumnos, ciudadanos, novios, esposos, empleados, políticos, militares, autoridades religiosas y comunitarias.

Al nacer en una sociedad que no ha alcanzado fuertes niveles de re-pensamiento y reflexión sobre la liberación de los hombres y las mujeres de los hilos controladores del patriarcado, recibimos, incluso antes de nacer, un entrenamiento de por vida, especial y específico que nos limita a entender el ser mujer y el ser hombre bajo una única definición, que además de basarse en una oposición mutua, inserta poderosos incentivos para aprehender, acomodarse y reproducir la masculinidad y feminidad hegemónica. Interesantes los planteamientos e ideas de C. G. Jung sobre los imaginarios de referencia y arquetipos, en específico de masculinidad. Dado que nuestras sociedades actuales orbitan alrededor del patriarcado, conocer los modelos “clásicos” de ser hombre es de alta importancia para entender cómo insertar los cambios y mejoras que nuestras sociedades necesitan para ser realmente justas, equitativas e igualitarias.

El escenario político dominicano, histórico y actual, es un nicho interesante para visualizar esa proliferación de acciones misóginas, iniciativas cargadas de testosteronas, proyectos fálicos, luchas de machos alfa por el poder para…no hacer más que tenerlo, es decir, no poner al centro de las actividades políticas a la gente, al bien común. Haga usted misma/o el ejercicio de imaginarse cómo piensa, habla y actúa el típico hombre (macho) dominicano y compárelo con figuras políticas buscando las similitudes y diferencias. Piense por un momento en Joaquín Balaguer, en Peña Gómez, en Jacinto Peynado, en Miguel Vargas, en Hipólito Mejía, en Amable Aristy, en Danilo Medina, en Eduardo Estrella y por supuesto en todos los demás dirigentes de los partidos, o bien a nivel local/provincial y en el ámbito legislativo.

Cercanos o de cierta manera alejados del estereotipo de hombre dominicano, tienen la misma base sobre la cual su deber y compromiso como la política no es la gente como prioridad, las necesidades y expectativas que priman están en otros aspectos ligados a ser hombre, en mejor dicho en ser “EL hombre”. Esa fiebre de poder, de acapararlo y usarlo, las ansias de dinero, de desplegar autoridad, pertenencias y propiedades, de sostener una imagen, una proyección de liderazgo, de ser los proveedores, protectores y referentes en la idea trastornada de política que han creado para perpetuar ese funcionamiento es el objetivo y el medio para el ejercicio políti…quero.

Debemos sí, trabajar para sensibilizar a los hombres sobre cómo abrazar su masculinidad, probablemente diferente a la de cualquier de sus prójimos y así ayudarles a liberarse de los límites que crea el patriarcado sobre ellos mismos y sobre sus acciones en la sociedad.

Ahora bien, esto en el ámbito político, ejemplo que tomamos en este artículo, llevaría más tiempo y más complejidad; buenos resultados en el ámbito político, enfoque en el bienestar de la gente, en el bien común, en desarrollar más los poderes locales y menos en la persecución de la presidencia, en el uso debido y eficiente de los fondos públicos debería reposar en las personas, que múltiples estudios cuantitativos y testimoniales han demostrado en los últimos 20 años, que son las ideales para hacer gerencia para el desarrollo: las mujeres.

Múltiples indicadores económicos, de calidad de vida y desarrollo humano demuestran como la jefatura de hogar femenina reporta mejores niveles para todo el hogar, incluso en aquellos donde hay menos ingresos. La diferencia la marca la forma de pensar, interactuar, priorizar y gerenciar en general de las mujeres, sí, en gran parte por su entrenamiento social y cultural. Necesitamos entonces más mujeres, capacitadas y aspirando a puestos políticos, a puestos altos, al liderazgo político del país. Apoyar las que ya están, darles paso, llevarlas a los puestos y abrir espacios para las nuevas aspiraciones. Así podemos balancear el funcionamiento de la esfera política dominicana hacia el gobierno del Estado para el bien común.

Por Felipe Díaz

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